Bonvivart

Arte, comunicación y ocio alternativo

Argentina, una pasión

Casas de chapa multicolores en  Caminito (Buenos Aires).-

Gloria Cruz.-

Me gustan las películas argentinas porque cuentan historias emotivas, tiernas, pequeñas.  Me gustan con pasión, con la misma pasión
que se necesita para aprender bien un idioma, para realizar un trabajo creativo. Me siento presa de una seducción bella e inquieta
sentimiento sin el cual es imposible conocer y yo diría que incluso amar.  Estoy fascinada y ya no lo oculto, por qué ocultarlo si las cosas que funcionan en
la vida son las que se mueven voluptuosas por el cerebro humano, las que se desarollan con entusiasmo. 

Una vez me preguntaron si es que tuve un novio argentino, eso en cierta manera podría explicar para la persona que tenía esa curiosidad, 
que me sintiera tan postrada de la cultura argentina.  Cuando lo negué, me comentó que había pensado eso porque además en este espacio de
Ràdio Martorell, sobre estas palabras que una servidora articula en estos momentos planea un tango de Astor Piazzola  (Oblibion, se llama).  Nada más lejos
de esa suposición. Este tango que sobre estas palabras suena me lo mostró nuestro amigo Quim Parera, que un día si me descuido me sepultará con los
múltiples CD’s que me graba en su deseo de compartir la músiquilla que a él le chifla.

Nos movemos por pasiones y las queremos compartir. Acaso no es pasión saberse todos los jugadores de la liga de fútbol (yo sería incapaz), o no es pasión
conocer los parentescos de los personajes de la prensa del corazón (menuda penitencia), o saberse los papeles de cada uno de los personajes de los
diferentes culebrones de las televisiones sin mezclarlos, o no es pasión saber toda la discografía de los Beatles y los años
en que fueron compuestos todos y cada uno de sus temas. Estas cosas, si se hacen, es por fervor.

Hace muchos años, cuando quería aprender a hablar fluidamente el francés, es decir, sacarlo de la libreta y llevarlo a la boca en forma de frase
se me ocurrió hablarlo sola.  Cuando estaba a solas realizando algún trabajo mecánico o bien conduciendo, me explicaba a mí misma las cosas en francés
me explicaba argumentos de pelis, me explicaba los cuentos infantiles que conocía, me explicaba.  Más tarde unos amigos parisinos me ayudaron al resto.
El resultado no está mal.

Una de las cosas que diferencia a las pasiones de las demás cosas es que nunca se tiene suficiente.  Una anda tras saber más y en ese empeño, una tiene
incluso miedo a molestar, a hacerse pesada con sus gustos.  Es un poco lo que les pasa a muchos caballeros con el deporte, que se verían por la tele
hasta el partido de juveniles del Sant Vicenç de Castellet contra el Castellbell i el Vilar. Con razón algunas señoras se disgustan cuando se acuerdan
que este verano hay mundial.  Los hombres ya se frotan las manos clandestinamente mientras que la mayoría de las féminas empiezan a fruncir el ceño.

Pues sí, no soy exagerada si digo que palpito al escuchar a Aznavour, o a Jacques Brel o una milonga buena.  Cuando tengo en mis manos una peli de Gerard
Junot o de Ricardo Darín apago la luz del salón y escucho atentamente lo que me quieren decir.  En el cine vivo mi momento mágico cuando las siluetas de las
cabezas ajenas se dibujan en el sky line de la sala. 

He puesto los pies en Francia varias veces, he comido a las doce del mediodía sin apenas hambre, he vivido tertulias tomando vino y queso que cuando
se acaba el vino te ponen más para acompañar al queso y cuando se acaba el queso te ponen más para acompañar al vino. El caso es que no quede cojo uno
de los dos. He visto a mis amigos franceses un poco achispados (una servidora también) mostrando entonces el pequeño Napoleón que llevan dentro del pecho,
sin duda reminiscencia de cuando su país era fuente de cultura. Al día siguiente al tirar la basura me ha acompañado el tintineo de las varias botellas
de vidrio hasta el container.

A Argentina no tengo el gusto de conocerla pero vivo la víspera con muchas ganas.  Deseo saborear su vino y su queso, conocer a sus Napoleones y Napoleonas,
y tirar la basura. No le voy a hacer caso a mi amigo Edgar, culto venezolano formado en Buenos Aires, cuando dice que los argentinos son un poco chulillos,
que se saben preparados y sacan pecho por el peso que tuvieron el el mundo en las décadas de los 40 y 50. Entonces mandaban leche y carne de ternera a la
España franquista.  “Gloria:  los argentinos quieren cagar más alto que el culo”… Me dice Edgar sin acritud porque él ama a ese país.

La culpa de que me guste Francia la tuvo un profe nuestro que un día nos puso a Georges Moustaki sin avisar, la culpa de mi fascinación por Argentina
la tiene Darín y ni siquiera lo sabe. La culpa de que mi amigo Moreno y toda su extensa familia sean del Español fue que un día un señor de Martorell le
llevó al fútbol y le cedió el asiento para quedarse él de pie.  Esa deferencia le llegó al alma y mi amigo decidió hacerse socio del Real Club Deportivo
Español. Las pasiones germinan donde menos te lo esperas. Por otra parte, este gesto del campo de fulbol, sería un filón para una película argentina.

Anuncios

marzo 6, 2010 - Posted by | Uncategorized

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: