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Arte, comunicación y ocio alternativo

Humanísimo Mesias

La soprano Sophie Bevan (fondo) y la bailarina Laura Caldow. Foto: Laurie Lewis/ENO

Edgar Villanueva. Londres.-

La primera vez que escuché completo el oratorio El Mesias de G.F.  Haendel fue en Caracas en 1986,  en una versión nostálgica, erudita, luminosa y rebosante de entusiasmo  a cargo de la Camerata Barroca de la capital venezolana, bajo la dirección de Isabel Palacios.  Para entonces, ya intuía el gran potencial escénico de esta obra fundamental y extraordinaria,  sin duda la más hermosa creación de la música antigua.

No es una novedad llevar a escena obras sacras, concebidas en su momento para la exclusiva ejecución en modo concertístico.  Pero el morbo que me producía este Mesías venía por partida doble:  disfrutar de una obra tan típicamente británica (estrenada en Dublin en 1742 y  llevada al año siguiente al antiguo teatro del Covent Garden de Londres) en territorio british y, por añadidura, en versión escénica a cargo de una compañía del calibre profesional de la English National Opera.

Lo reconozco:  esta vez  me aproximé a la función desde el prejuicio, pues temía que lo que iba a ver  sería una secuencia cansina de imágenes sacras y episodios  basados en la vida de Jesús. Nada más ajeno a mis expectativas. La propuesta de Deborah Warner, la directora escénica, fue de una teatralidad, claridad  y diversidad más que notables.  La puestista se propuso explorar en profundidad los significados más reconditos de la obra, que toca intensamente las implicaciones del bien y el mal, la creencia en la victoria final  del alma humana sobra la culpa, la muerte y la decadencia, y sobre todo, el sentido “comunitario” de esta obra decisiva de Haendel.

 Sorprendieron,  de entrada,  imágenes de absoluta contemporaneidad:  solistas, coro y una ingente cantidad de figurantes van vestidos como gente común y corriente. El cuarteto solista  se confunde entre el grupo escénico-coral y cantan además los numerosos conjuntos.  Musicalmente, el director Laurence Cummings evitó -con todo acierto- cualquier  pretensión autenticista o de “sonido original”, pues se trataba de un teatro de ópera y de un coro y orquesta  concebidos para este género, aunque  muy conscientes del estilo que abordaban.  Así,  el dramatismo implícito en muchas de las páginas de este Mesías se tradujo en inflexiones novedosas en el canto del coro (excelente la cuerda de contraltos, también  la de los tenores) y en el solo “He was despised and rejected” a cargo de la mezzo Catherine Wyn Rogers, con un color de voz  mezquino en oscuridad, pero de fraseo modélico y diversificado en cada una de las intervenciones de esta difícil aria, de gran exigencia y variedad expositiva.

Algo más plana fue la labor del tenor John Mark Ainsley, escénicamente convincente, pero sus arias fueron resueltas  con más oficio que intensidad dramática.  Muy adecuada la presencia  del bajo Brindley Sherrat, que nos brindó una memorable versión de “The trumpet shall sound” cerca del final de la obra.

La soprano  Sophie Bevan lució una voz rica en armónicos, en un punto oscura y sobrada para una parte que generalmente viene resuelta por instrumentos más ligeros, pero su interpretación fue deliciosa. Tuvo además el privilegio de  interpretar el momento más emocionante de la representación, ahí donde se produjo un hallazgo escénico: el aria “I know that my redeemer liveth”,  cantada por una enferma terminal en una cama de hospital, que termina muriendo -y resucitando-  gracias a la milagrosa música haendeliana.

Toda la compañía cerca del final de la obra. Foto: Robert Workman/ENO

Soberbia participación del coro de la ENO, no sólo en el “Halelujah”,  momento cautivante y cima emotiva de este oratorio, aquí despachado de manera algo rutinaria por la directora escénica, que sin embargo brindó momentos más luminosos en coros como “For unto a child is born” y el grandioso final “Worthy is the lamb” previo al “Amen” en fuga, aderezado con una lluvia de confetti (papelillo) a sala iluminada que parecía buscar el aplauso fácil e inmediato. El recurso, propio de revista musical o vodevil,  era absolutamente gratuito e innecesario.

Estos detalles, sin embargo,  no alteraron la validez del aporte escénico, que en una visión de absoluta contemporaneidad evitó cualquier referencia religiosa para centrarse en el problema humano. Este Mesias es completamente down to earth;  mira al hombre y no a la divinidad, a la muerte como un hecho inevitable y a la resurrección como una esperanza válida en la búsqueda incansable de la felicidad, tarea y razón de ser de todos los seres humanos.

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diciembre 2, 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario