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Arte, comunicación y ocio alternativo

Hoy es Dia de San Antonio

 

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En un dia como este me gustaría estar en Lisboa.  Siento así como el morbo marujil, con vagos toques de envidia solterona, por presenciar la gran ceremonia  que homenajea al “santo del amor” en la capital Lusa:  las bodas colectivas. Y es que eso de multiplicar el juramento amoroso y volverlo espectáculo me seduce… Qué le voy a  hacer, ¡me encanta un show!

Bromas aparte, mi culto por San Antonio (de Padua porque vivió y murió allá, de Lisboa porque nació ahí) viene de una plegaria respondida -cómo no-  en un momento particularmente difícil de la vida de quien esto escribe.  De la fe católica en la que fui educado lo que tal vez permanezca en mí es ese sentido intensamente teatral y dramático del rito.  Cambié la iglesia por un teatro de ópera, a San Juan Evangelista por Plácido Domingo y a la Virgen Milagrosa de las medallitas por Renée Fleming… y confieso que no me arrepiento.

Sólo San Antonio ha sobrevivido a tan particular y arbitrario sincretismo, pues de hecho, es el único santo que motiva en la actualidad mi visita a un templo.  El porqué es un misterio que no me interesa descubrir. Tal vez estribe en el magnetismo que me  genera la bondad como abstracción,  su vida viajera y pobre,  sus prédicas inútiles y su muerte, relativamente joven.  Leyendo sobre él me  parece que fue algo así como un James Dean de su época.

Sobre la visita a la Basílica en Padua ya he escrito anteriormente en este blog (ir a la entrada “Capodanno en el Veneto” de Febrero de 2008). A quienes quieran descubrir los orígenes del Santo, su aspecto menos conocido y humilde, entonces deben visitar su capilla en Lisboa, a sólo unos pasos de la catedral (Sé) de la ciudad.  Es un sitio  donde se respira el bien, un lugar humilde,  simplón, pero con una magia cercana y tangible.  Llegar y sentir esa abrumante paz es una experiencia única. Ahora, pedirle amor es otra cosa… aunque si uno se ha portado bien (con uno mismo, principalmente), debería esperar el milagro.

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junio 13, 2009 Posted by | Uncategorized | 2 comentarios

Zarzuela a la provenzal

 

IMG_7337 Mireille photo Christian DRESSE 2009

Coro y solistas en la escena final de Mireille, de Charles Gounod

Edgar Villanueva.  Marsella (Francia).-

Fotos: Christian Dresse

Poco conocida y escasamente representada fuera de Francia,  la Mireille de Charles Gounod es una obra que concentra su atractivo ya no en su melódica partitura, sino en el carácter “exótico” de sus ocasionales producciones escénicas.

Inspirada en el poema provenzal Mireio de Fréderic Mistral, publicado en 1854, la ópera de Gounod fue estrenada en el Theatre Lyrique de Paris una década después. La génesis fue bastante problemática,  tal vez por ser un proyecto demasiado ambicioso (fue concebida como una gran ópera en  cinco actos, y luego reducida a tres)  y propone una visión genuina, -tal vez demasiado localista y cerrada- de lo esencial provenzal. La Provenza es una región de la Francia mediterránea con personalidad, geografía e idioma propios (la lengua tiene cierto parecido con el catalán). 

La acción de Mireille se desarrolla en Arles y su argumento es mas bien sencillo, tipo culebrón: una niña de familia acomodada se enamora de un humilde -pero honesto- tejedor de cestas. El sentimiento no logra superar los prejuicios del padre de ella. Tras muchas vicisitudes,  la heroína muere después de atravesar un arenal adonde debía ir para reeencontarse con su amado,  herido por los celos de un tercero en discordia.

La obra contiene elementos de intenso color local, que la acercan -y cómo- a la zarzuela española,  sobre todo en las escenas de conjunto, que reproducen festividades autóctonas y cantos tradicionales.

 La versión propuesta por la Opera de Marsella, a cargo del director escénico Robert Fortune, fue más bien tradicional, opción tal vez irrenunciable a la hora de llevar a escena una obra de este tipo. No obstante, pudieron haberse evitado ciertos detalles demasiado ingenuos  o rayanos en el mal gusto (la “elevación” del altar y la imagen de la virgen en la escena de la iglesia al final de la ópera). Muy vistoso el vestuario, de pretensiones autenticistas. El arraigo de esta obra en la zona es tal que había incluso entre el público familias enteras vestidas a la usanza provenzal. Verbi gratia: espectáculo en el escenario y fuera de él.

IMG_7003 Mireille photo Christian DRESSE 2009

Marie -Ange Todorovich (Taven) y Hye Myung Kang (Mireille) en una escena del primer acto.

En el rol titular la soprano coreana Hye Myung Kang lució un temperamento intensamente lírico, la voz en ciertos momentos recuerda a la de Barbara Hendricks por sus puntos débiles:  blancura y afonía en el registro medio y grave, además de un ligero pero controlado vibrato. El timbre, no obstante, es más bello que el de la soprano de Arkansas.

Mucho más interesante desde el canto fue el tenor Sébastien Guèze como Vincent. Compensa una emisión algo ácida con un canto entregado, valiente y muy juvenil. La triunfadora de estas funciones fue la mezzo Marie Ange Todorovich en el personaje de la bruja Taven, rol complejo, también muy cercano a algunas partes características de la zarzuela. Complementaron muy adecuadamente el elenco tout français los barítonos Lionel Lothe como el villano Ourras y Alain Vernhes como Ramon, el cruel padre de la heroína. Coro poco homógeneo,  y orquesta atenta, de sonoridad en ocasiones muy suntuosa, dirigida por Cyrill Diedrich.  No se interpretó  el aria “O légère Hyrondelle” que es, irónicamente, la pieza más famosa de esta ópera.  Ello se justificó con el argumento de que  la pieza fue añadida con posterioridad al estreno de la obra y no se corresponde con la versión original, que era la que se escenificaba para la ocasión en L’Opéra de Marseille.

junio 6, 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario