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El regreso de La Reina

 

Hace poco me compré el último CD de Donna Summer, “Crayons” y experimenté una nostálgica regresión:  año 1978,  plena efervescencia del disco-music,  bailes frenéticos sobre agitadas melodias dulzonas de marcado acento erótico.  Un estilo en el que la diva en cuestión fue soberana indiscutible e indiscutida. 

 Por entonces,  La Pantera de Boston protagonizaba el film Thank’s God it’s Friday,  toda una declaración de principios del hedonismo discotequero de la época.  Con apenas 11 años, comenzaba yo a sentir una irresistible fascinación por aquella aquella música.  

En Estados Unidos, sin embargo,  la música disco significó mucho más que bailes y discotecas, lugares sacralizados por nuestro imaginario púber. Era también sinónimo de liberación sexual  -tal vez mucho más transgresora que la de los años 60 (no soy sociólogo)-  lujo kitsch,  trajes extravagantes y ríos de cocaína.

Para quienes nos asomábamos a la adolescencia el disco llenaba una necesidad fundamental: bailar. Y fueron las melodías impagables de su reina las que nos prodigaron  esa fugaz felicidad,  con sus inolvidables himnos “I feel love” “Last dance”, “Mac Arthur Park” y “On the Radio”, entre otros.

Entre “Love to love you Baby”, su primer gran éxito  -donde simulaba una inefable secuencia de 19 orgasmos-  y “No more tears” a dúo con Barbra Streisand,  la Diosa del amor -otra de sus denominaciones- permaneció en la cresta de la ola durante al menos 5 años.

Tras su conversión religiosa (ignoro hasta qué punto influida por su segundo marido, Bruce Sudano) su exitoso aliento comienza a decaer.  Sus productores,  los legendarios Pete Bellote y Giorgio Mororder,  fueron sustituidos episódicamente por otra leyenda, Quincy Jones.  También Casablanca, su sello discográfico de toda la vida, fue relevado por Geffen Records.

De esta época se recuerdan discretos éxitos como “The Wanderer”, “State of independence”  y la muy comercial “She works hard for money”, que nunca llegaron a los niveles de su época precedente. A mediados de los 80 se producen unas explosivas declaraciones -nunca reconocidas-  en las que supuestamente justificaba la epidemia del sida como un “castigo divino” al “depravado comportamiento” de los gays. 

La comunidad homosexual reaccionó con la ejecución simbólica de la que había sido su diva arquetípica.  Su nombre fue literalmente borrado del mapa gay universal. En numerosas entrevistas  la cantante ha negado el hecho hasta las lágrimas,  pero lo cierto es que el episodio resulta aún hoy muy confuso y sus argumentos poco convincentes.

Sus tentativas de regreso han sido muchas. En el verano de 95 promovió su espectáculo “Endless Summer” en el Festival de Ravinia en Chicago, y en 2000 realizó una discreta gira europea con  el single “I’ll go with you”, versión en pop en inglés del éxito “Con te partiró” de Andrea Bocelli.

En su largo y controversial proceso de reivindicación Donna Summer se ha convertido en abuela y artista plástica.  Sus cuadros cotizan relativamente bien en el mercado, y ahora con este último CD parece que su retorno es un hecho.  A diferencia de numerosas y posteriores starlets, la Summer posee el raro privilegio de conservar su voz intacta. Se le escucha tan bien en vivo como en una grabación de estudio,  tal es su capacidad de comunicación.  Ha pasado el tiempo, y  las iras de los gays parecen haberse aplacado bajo el lema “maricas, no rencorosas”.

El nuevo CD hace justicia a su nombre: cada uno de los 13 temas tiene un estilo y un color particular. El menos interesante es precisamente el que le da título, “Crayons”, a ritmo de reggae.  Otros, como “Mr. Music”, nos acercan a la Donna Summer clásica,  y “Stamp your feet” y “Drivin’ down Brazil” ponen de manifiesto que lo más destacable de esta nueva aventura artística de la diva de Boston son su versatilidad,  musicalidad extraordinaria y sentido de la persistencia.  Mujer caleidoscópica,  diva reivindicada, artista plástica… Donna Summer es y ha sido la protagonista de su propia e irrepetible leyenda.

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septiembre 19, 2008 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario