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Turismo de Guerra

Mezquita de Mohamed Al Amin en el centro de Beirut

      En mis años tiernos de escuela primaria mi bandera favorita era la del arbolito sobre el fondo blanco entre dos franjas rojas. “Es el Líbano”, me decía mi maestra Luisa de Pacheco, y aquello me sonó como una rareza que sin embargo pude memorizar. A treinta y pocos años de aquellas elementales nociones de geopolítica,  he tenido  el privilegio de visitar la tierra del cedro milenario y bíblico,  símbolo de un pueblo maravilloso y sufrido.

La ex “Suiza del Oriente Próximo”  conserva poco de esa idílica denominación, sobre todo porque Beirut,  su capital, es una ciudad superpoblada y sobreconstruída que todavía exhibe las cicatrices de una feroz guerra civil, y más hacia el sur, convalece aun por las heridas de los salvajes bombardeos israelíes del verano de 2006.

Esta situación ha espantado totalmente el turismo internacional.  Y aunque las pérdidas han sido y siguen siendo cuantiosas, el ciudadano beirutí trata de llevar su vida con una frágil normalidad, siempre alerta ante el temor de una nueva escalada bélica. 

 Líbano es un imposible marcado desde sus orígenes por los conflictos religiosos.  A la intransigencia de las posturas entre cristianos y musulmanes que lo retrotraen a la época de las cruzadas,  se suma la amenaza de Israel al sur y la de Siria -que no  reconoce su independencia, pues sostiene que Líbano es parte de su territorio- abarcando el resto de sus fronteras terrestres. El límite natural hacia el oeste es el Mediterráneo, que en estas latitudes adquiere un color azulísimo.

 

Rocas de Las Palomas, en La Corniche

Hacia el este, Beirut concentra una población de mayoría cristiana, mientras el sur es  -y cómo- predominantemente musulmán.   El centro tiene como referencia la monumental mezquita Mohamed Al Amin, y a pesar de su oferta de exclusivos cafés, restaurantes y tiendas de pretigiosas firmas, permanece desierto, custodiado por la policía y apenas visitado por los habitantes de la ciudad.   Algo más animado resulta el paseo marítimo de La Corniche, cuya caminata lleva a contemplar el único monumento natural de Beirut: las Rocas de las Palomas.  Sectores más concurridos son los de Hamra, una calle comercial ubicada muy cerca de la Universidad Americana,  y el barrio residencial de Ashrafieh. La vida nocturna se concentra en la calle Gouraud, en el área de Gemmayze.

Comer en Líbano es un placer nada oneroso.  Desde el kebab más humilde hasta el más elaborado plato de carne, las mezze (entradas) o las ensaladas, todo es delicioso. Quien pase hambre en Líbano es porque lo decide. Ni hablar de los dulces: me hice fanático de unos hojaldres rellenos de queso fresco bañados en sirope de rosas que aquello era ver a Dios (o Allah) en cada bocado. Otra experiencia religioso-gastronómica fue visitar el restaurant  “Assaha” al sur de Beirut, en pleno feudo de Hezbollah.

Ir de tiendas aquí es irresistible, pues los precios son bastante atractivos, tanto en el lado musulmán (más bullicioso y pintoresco) como el cristiano (más occidental).  El vino libanés, cultivado en el Valle de Bekaa, es bastante apreciable, y su café  (pulverizado y  mezclado con semillas aromáticas de cardamomo) una auténtico placer.

Norte y Sur

Al ser el Líbano un país tan pequeño, recorrerlo en su totalidad es posible si se dispone de al menos una semana.  A una hora y media de camino de la capital, hacia el noreste, se encuentran las ruinas romanas de Baalbeck, de apabullante monumentalidad y magnífico estado de conservación.

 

 Ruinas Romanas de Baalbek

Hacia el norte, bordeando el Mediterráneo, y a sólo 20 minutos de Beirut se encuentra el pequeño puerto romano de Byblos. Más arriba, a poco más de una hora de carretera, Trípoli se exhibe como una genuina ciudad del Medio Oriente. Sus espacios son algo más abiertos, y en su enorme y variopinto zouk (mercado) , puede uno pasarse un dia entero viendo, consultando precios y regateando (práctica obligatoria, aunque los precios parezcan baratos) o visitando las fábricas de jabón artesanal, el Hammam,  las calles ruidosas y la casa de dulces Al Hallab, la más famosa del país.

 En dirección sur,  bien vale la pena un breve paseo por Saida (Sidón) , ciudad con un bonito puerto, el Castillo del Mar y un pequeño mercado. Tiro es más grande y populosa, y alberga un pintoresco puerto pesquero y la sede de Universidad Islámica del Líbano. Su principal atracción turística son las ruinas del hipódromo romano,  una construcción algo difícil de localizar en un recorrido a pie, rodeada de viviendas civiles, pero de impresionante estado de conservación.

 

Gradería en el Hipódromo de Tiro

Pese a las adversidades bélicas que han marcado su historia reciente, Líbano sobrevive. Y lo hace con una dignidad admirable. Tanta, que el miedo sobra.  Ya busco fechas para regresar.

Abril 8, 2008 - Publicado por Edgar Villanueva González | Uncategorized | | Aún no hay comentarios

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